Del partido del campeonato, que me tocó en Cali y en el Pascual, me quedan algunas cosas. Primero que todo, el grito del gorila. Me impactó, porque no lo sabía, que las hinchadas colombianas (supe que pasó también en Medellín) anduvieran replicando los gritos racistas de las ligas europeas. En cuanto uno de los dos jugadores negros en la alineación del DIM tocaba un balón, la gente de Oriental empezaba a hacer el uh-uh-uh, mímica del simio. No sé si en Sur o Norte, si en Occidental, hicieran lo mismo. En donde yo estaba, en el primer piso de Oriental, la mayoría lo hacía. Cada vez fue igual. Desde el principio hasta el final. Digamos que se me amargó una fiesta redonda. No puede ser que en Cali, en las graderías del templo americano que es el Pascual Guerrero, donde los sacerdotes han sido de todos los colores, la hinchada de la Mechita se vuelva en contra de sus propias raíces. Si de alguna manera el espíritu de la ciudad se manifiesta en este tipo de actitudes, el diagnóstico es incluso más horripilante de lo que se supone. Dentro de poco empezarán a tirar cáscaras de banano, y habremos sucumbido por completo. Apague y vámonos.
Y es que estamos al borde. Como dijo el hijo de Hernán Peláez en los prolegómenos del cotejo decisivo, la final del Torneo Finalización enfrentaba al equipo de la Lista Clinton contra el equipo de los Paras –concretamente Don Berna, o el esbirro que haya aprovechado su ausencia para coronarse Patrón de Aburrá. Al lado del DIM, América parecía de buena familia, de traer a la casa. La cosa era tan paila que en El Tiempo se disfrazaron de americanos. Mereció ganar. Fue el mejor equipo. Se sobrepuso a las dificultades. Un equipo donde mandaba Rodríguez. Yo digo, ¿mandaba, tiempo pasado? ¿Quién manda en el América? Juan Miguel Rodríguez, el hijo de Miguel. Manda mucho peor que su padre, que lo utilizó como espejo de su gloria. Ahora son otros tiempos. El heredero se queda con los recursos que genera su equipo, de repente vencedor, asfixiándolo al tiempo que se alimenta de su cuerpo desfalleciente.
Nuestro gobernador, elegido el mejor de Colombia, o algo así, aguarda en la lejanía, dando vueltas alrededor del cadáver. En radio bemba se comenta que el presunto proceso de democratización del América no es más que un ardid de Abadía para hacerse con el control del equipo, y utilizarlo él como vehículo de influencia. El rumor tiene visos de legitimidad, a juzgar por el impresionante despliegue publicitario que se hizo el dirigente a costa de los últimos Juegos Nacionales, celebrados en el Valle del Cauca y San Andrés. En todo el país había vallas con la foto del imberbe funcionario, posando con pinta de maloso. Lo único bueno de haber perdido unas justas que nosotros mismos organizamos, es que Abadía se quedó con las ganas de facturar.
El gobernador, por supuesto, estuvo en el Pascual, el primero en montarse en el camión de los bomberos. Pero esta victoria no le pertenece, como tampoco al delfín de capo.
El título es, primero que todo, de Diego Édison Umaña. Los coros en el estadio fueron sobre todo para él, el gran artífice de este viaje epopéyico de La Mechita hacia su treceava estrella. Me da la impresión de que el técnico, y su asistente, Álex Escobar, se tomaron su trabajo con mística, algo infrecuente, y para lo que no existen estímulos, en el fútbol colombiano. Luego del partido en el Atanasio Girardot, Álex le dijo a la prensa que Umaña se había echado un discurso legendario en el entretiempo. El técnico le recordó a sus jugadores la final malograda del primer semestre, ante chico, la extraordinaria oportunidad ante la que se enfrentaban, las ilusiones del pueblo que representaban.
Lo de América este año ha sido milagroso, ya lo decía antes. Y creo que Umaña encendió una luz en el horizonte vallecaucano, algo de lo que han sido incapaces nuestros dirigentes, patricios, intelectuales, o como se quieran llamar. El técnico demostró que, incluso en las peores circunstancias, vale la pena empeñarse obsesivamente en esfuerzos colectivos, virtuosos y solidarios. Más aún, nos recordó que somos candidatos, aspirantes legítimos a la grandeza.
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Sunday, December 21, 2008
Thursday, December 18, 2008
Lorencito (dos)
en los dos últimos años aprendí a esperar, puede decirse, aunque todavía vivo con vértigo. te cuento que aproveché que se adelantó el viaje de regreso a Bogotá, para seguir derecho hacia Cali, detrás de la estrella trece. esas son las únicas que de verdad sigo, compradas y pisoteadas como están, de papel–moneda. nada es seguro todavía, aprendí eso durante la oscuridad de Ronaldinho. pero también se que América se juega el honor de la ciudad, lo que le queda de alegría, ambición y fortaleza. así estamos en el Valle del Cauca por estos días, que las épicas solo se dan el Pascual Guerrero, de la mano de la Mechita. nada me ha partido el alma como la decadencia de mi tierra, la de mi papá. aún así, nada me da vida como la Sultana.
se acaba otro año, monstro, con sus sinsabores. en junio estábamos comiéndonos el sapo más bravo de todos, perdiendo contra chico, pero también gozamos el camino a la final. ahora estamos repitiendo. aunque el fútbol colombiano es cualquier cosa menos la Liga o la Premier, todavía se cuentan historias épicas en sus canchas. a pesar de los pesares (de los capos, de los periodistas, de las corbatas, de las pirañas), hay cierta vigencia en nuestro devaluado torneo. sobre todo porque hemos podido asistir a la resurección del América, de la mano de Umaña (y Álex Escobar) y el plantel. la historia improbable (como decía Obama) de un grupo que se ha sobrepuesto al pillaje por parte de sus administradores, la quiebra económica, la muerte civil, la vida fantasma en una ciudad fantasma.
en sintonía con el espíritu navideño, valga la pena el reconocimiento al rival de patio, que tiene una organización modélica. ahora que se habla tanto en el Congreso de reformar el fútbol, ¿por qué no se inventan unos incentivos para privilegiar organizaciones así, sociales y deportivas, democráticas, ejemplares? ya está bueno de este fútbol pirata nuestro, en el que están representados solo los más viles ejemplares de la fauna nacional. infortunadamente, la inmensa ventaja estructural de los azucareros con respecto a los demás clubes colombianos, todos corsarios, de un pelambre o el otro, no se ha traducido en una hegemonía. hay un cáncer que se come al Super Depor, que no se cura con nuevos técnicos o limpiezas dentro del vestuario, ni siquiera con la nueva administración.
el espíritu navideño no me da para más, porque a los hinchas del Cali todavía no les perdono que se hayan ido a vivir a Miami cuando el rancho ardía, como tampoco me perdonaré haberme ido yo, también.
le endosamos la ciudad a personajes como Abadía, el gobernador–patrón. Valle perdió los juegos nacionales, que era la gran apuesta mediática del ilustre mandatario. regadas por toda Colombia están las vallas en las que posaba con cara de matón, robándose el prestigio de las medallas olímpicas de los deportivas vallecaucanos. para que no se nos olvide hasta donde hemos llegado. seguro que el estafeta del senador Martínez (malaya sea) se monta ahora en el bus de la victoria americana. ya lo ha hecho en el pasado. el rumor en Cali es que el gobernador tiene planeado hacerse con el control del club. solo un capo le puede recibir eso a los reyes depuestos, ya que el Estado, el candidato natural para intervenir la propiedad del club, arrebatársela a los Rodríguez, ha optado por la indiferencia absoluluta. lo que digan los gringos, como siempre. yo pensaba que estábamos en la mala, pero la realidad siempre te enseña que se puede empeorar. caer en las manos de Abadía . . . como para hacerse del Cali.
considerando este panorama desolador, el milagro de Umaña solo se engrandece. los americanos tenemos que gozar, como si fueran las últimas, estas tardes de gloria. nos persigue el aliento de la muerte, dead man walking. el futuro, lo que pase después de que se acabe el partido, es lo de menos. lo que importa, los tesoros, son estos momentos, el camino. importan las dos horas del partido, el grito de una ciudad que pide clemencia, que busca solaz. el encuentro de una hinchada con su equipo del alma, el pálpito del pueblo americano. dos horas. independientemente del desenlace, eso no nos lo podrán quitar jamás.
se acaba otro año, monstro, con sus sinsabores. en junio estábamos comiéndonos el sapo más bravo de todos, perdiendo contra chico, pero también gozamos el camino a la final. ahora estamos repitiendo. aunque el fútbol colombiano es cualquier cosa menos la Liga o la Premier, todavía se cuentan historias épicas en sus canchas. a pesar de los pesares (de los capos, de los periodistas, de las corbatas, de las pirañas), hay cierta vigencia en nuestro devaluado torneo. sobre todo porque hemos podido asistir a la resurección del América, de la mano de Umaña (y Álex Escobar) y el plantel. la historia improbable (como decía Obama) de un grupo que se ha sobrepuesto al pillaje por parte de sus administradores, la quiebra económica, la muerte civil, la vida fantasma en una ciudad fantasma.
en sintonía con el espíritu navideño, valga la pena el reconocimiento al rival de patio, que tiene una organización modélica. ahora que se habla tanto en el Congreso de reformar el fútbol, ¿por qué no se inventan unos incentivos para privilegiar organizaciones así, sociales y deportivas, democráticas, ejemplares? ya está bueno de este fútbol pirata nuestro, en el que están representados solo los más viles ejemplares de la fauna nacional. infortunadamente, la inmensa ventaja estructural de los azucareros con respecto a los demás clubes colombianos, todos corsarios, de un pelambre o el otro, no se ha traducido en una hegemonía. hay un cáncer que se come al Super Depor, que no se cura con nuevos técnicos o limpiezas dentro del vestuario, ni siquiera con la nueva administración.
el espíritu navideño no me da para más, porque a los hinchas del Cali todavía no les perdono que se hayan ido a vivir a Miami cuando el rancho ardía, como tampoco me perdonaré haberme ido yo, también.
le endosamos la ciudad a personajes como Abadía, el gobernador–patrón. Valle perdió los juegos nacionales, que era la gran apuesta mediática del ilustre mandatario. regadas por toda Colombia están las vallas en las que posaba con cara de matón, robándose el prestigio de las medallas olímpicas de los deportivas vallecaucanos. para que no se nos olvide hasta donde hemos llegado. seguro que el estafeta del senador Martínez (malaya sea) se monta ahora en el bus de la victoria americana. ya lo ha hecho en el pasado. el rumor en Cali es que el gobernador tiene planeado hacerse con el control del club. solo un capo le puede recibir eso a los reyes depuestos, ya que el Estado, el candidato natural para intervenir la propiedad del club, arrebatársela a los Rodríguez, ha optado por la indiferencia absoluluta. lo que digan los gringos, como siempre. yo pensaba que estábamos en la mala, pero la realidad siempre te enseña que se puede empeorar. caer en las manos de Abadía . . . como para hacerse del Cali.
considerando este panorama desolador, el milagro de Umaña solo se engrandece. los americanos tenemos que gozar, como si fueran las últimas, estas tardes de gloria. nos persigue el aliento de la muerte, dead man walking. el futuro, lo que pase después de que se acabe el partido, es lo de menos. lo que importa, los tesoros, son estos momentos, el camino. importan las dos horas del partido, el grito de una ciudad que pide clemencia, que busca solaz. el encuentro de una hinchada con su equipo del alma, el pálpito del pueblo americano. dos horas. independientemente del desenlace, eso no nos lo podrán quitar jamás.
Wednesday, July 02, 2008
Y nosotros, ¿cuándo?
Esta final es un regalo para todos los caleños que se quedaron afuera, para los que sobraron cuando los patricios del departamento se repartieron el pastel, para los que han sido ignorados por décadas y décadas de gobernantes corruptos, ladrones y mentirosos. Los condenados a vivir en una ciudad en ruinas, donde reinan los delincuentes, donde si no andás espabilado te hacen la cama en cualquier esquina. No es la ciudad que me tocó vivir, porque yo también soy un privilegiado, pero es la ciudad que conozco, que recorrí a diario, que aprendí a descubrir y querer, muy a pesar de la triste situación en la que está sumida.
Esta final es para el Valle del Cauca, olvidado de todos, en manos de un macarra, herido de muerte bajo la vigilia de la rosca paisa que quiere eternizarse en el poder nacional. Para Buenaventura, para la gente del barrio Lleras, del Alfonso López, que ve cómo entran y salen las riquezas de su país sin que les dejen ni siquiera las migajas. Tan solo el narcotráfico reparte sus riquezas en el puerto, aunque también, claro, sus muertos, su violencia intolerable.
Quizá lo más triste es que este triunfo del América, esta final ganada con el sudor y el esfuerzo de un plantel sin paga y un técnico que ha sabido sobresalir en la miseria, va a servir para que los políticos, los dirigentes, incluso esos que se hacen llamar vallecaucanos ‘de bien’, se den un baño de popularidad, se sumen a la caravana, se roben también esta gloria que no les pertenece.
Que no se nos olvide, por ejemplo, que el señor Carlos Puente no permite que los jugadores del club se asocien para hacerse respetar, un derecho que les garantiza la constitución. Que las directivas del América no pagan lo que deben, que le hacen el quite a la seguridad social de sus empleados, que se comprometen y luego si te vi no me acuerdo.
Esta final no es un éxito del presidente, ni del patrón, ni del gobernador del Valle del Cauca, tampoco del alcalde. En la foto, solamente, deben estar los jugadores, los empleados, el técnico, su equipo de colaboradores. Gracias a ellos, América se levanta de su ruinosa realidad, conforta el corazón de una hinchada, de un pueblo que sufre. A veces se puede, aún en contra de las más abrumadoras vicisitudes, a veces se puede. La fuerza está siempre adentro, siempre ahí.
Así que disfrutemos, sí, celebremos, pero que no se nos olvide, que nunca se nos olvide que esto es la excepción y no la norma. Que mañana, cuando la pelota haya dejado de rodar, Cali será igual, el Valle del Cauca será el mismo, que los macarras, los ladrones y los cañeros seguirán ahí, exprimiendo las últimas gotas de riqueza de nuestra tierra querida, sin resolver ninguno de sus problemas. Que este es un triunfo de unos pocos, porque para que todos ganemos nos hace falta jugar, a todos, como lo hace este América.
Esta final es para el Valle del Cauca, olvidado de todos, en manos de un macarra, herido de muerte bajo la vigilia de la rosca paisa que quiere eternizarse en el poder nacional. Para Buenaventura, para la gente del barrio Lleras, del Alfonso López, que ve cómo entran y salen las riquezas de su país sin que les dejen ni siquiera las migajas. Tan solo el narcotráfico reparte sus riquezas en el puerto, aunque también, claro, sus muertos, su violencia intolerable.
Quizá lo más triste es que este triunfo del América, esta final ganada con el sudor y el esfuerzo de un plantel sin paga y un técnico que ha sabido sobresalir en la miseria, va a servir para que los políticos, los dirigentes, incluso esos que se hacen llamar vallecaucanos ‘de bien’, se den un baño de popularidad, se sumen a la caravana, se roben también esta gloria que no les pertenece.
Que no se nos olvide, por ejemplo, que el señor Carlos Puente no permite que los jugadores del club se asocien para hacerse respetar, un derecho que les garantiza la constitución. Que las directivas del América no pagan lo que deben, que le hacen el quite a la seguridad social de sus empleados, que se comprometen y luego si te vi no me acuerdo.
Esta final no es un éxito del presidente, ni del patrón, ni del gobernador del Valle del Cauca, tampoco del alcalde. En la foto, solamente, deben estar los jugadores, los empleados, el técnico, su equipo de colaboradores. Gracias a ellos, América se levanta de su ruinosa realidad, conforta el corazón de una hinchada, de un pueblo que sufre. A veces se puede, aún en contra de las más abrumadoras vicisitudes, a veces se puede. La fuerza está siempre adentro, siempre ahí.
Así que disfrutemos, sí, celebremos, pero que no se nos olvide, que nunca se nos olvide que esto es la excepción y no la norma. Que mañana, cuando la pelota haya dejado de rodar, Cali será igual, el Valle del Cauca será el mismo, que los macarras, los ladrones y los cañeros seguirán ahí, exprimiendo las últimas gotas de riqueza de nuestra tierra querida, sin resolver ninguno de sus problemas. Que este es un triunfo de unos pocos, porque para que todos ganemos nos hace falta jugar, a todos, como lo hace este América.
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Wednesday, June 25, 2008
Umaña presidente
No ando muy lejos de mi patria, pero la presunta globalización de todas las cosas sobre la faz de este mundo no da como para verse un partido de las finales del fútbol profesional colombiano por televisión. Toca colgarse de una página de internet, aguantarse la transmisión discontinua y pixelada de las hazañas de La Mechita, amenizada por los comentarios de macarras, cobardemente refugiados en el anonimato. Yo paso de eso, pero sigo pendiente del milagroso equipo de Diedo Édison Umaña, que acaba de sellar con una victoria en el principado de Don Berna el paso a la final de su equipo, mi equipo, el equipo de la absoluta mayoría.
Ni la felicidad ni el orgullo me caben entre pecho y espalda. Estas victorias son tanto más sabrosas que las de los ochenta, cuando todo era regalado, comprado a lo que costara. Ahora se siente el esfuerzo, se vive la pasión, la entrega. Los patrones ya no cumplen ni años, el payaso de presidente que tenemos da mas vergüenza que Daniel Ortega, y sin embargo los jugadores han encontrado en su interior la enjundia y la vocación por la gloria que no demuestran, ay, la mayoría de sus paisanos.
¿Quién nos espera en la final? Quiero al Cali, para que mi ciudad asegure cuota de felicidad en estos días aciagos, y porque, si ganamos, será como descubrir que el Niño Dios sí existe. No puedo ni imaginarme siquiera.
Pero mientras tanto, saborear. Llenar el Pascual Guerrero el domingo, alentar a los pelados, reconocerles el esfuerzo tremendo, la faena con la que nos han deleitado. Gracias a ellos, América vuelve a ser tierra firme.
Ni la felicidad ni el orgullo me caben entre pecho y espalda. Estas victorias son tanto más sabrosas que las de los ochenta, cuando todo era regalado, comprado a lo que costara. Ahora se siente el esfuerzo, se vive la pasión, la entrega. Los patrones ya no cumplen ni años, el payaso de presidente que tenemos da mas vergüenza que Daniel Ortega, y sin embargo los jugadores han encontrado en su interior la enjundia y la vocación por la gloria que no demuestran, ay, la mayoría de sus paisanos.
¿Quién nos espera en la final? Quiero al Cali, para que mi ciudad asegure cuota de felicidad en estos días aciagos, y porque, si ganamos, será como descubrir que el Niño Dios sí existe. No puedo ni imaginarme siquiera.
Pero mientras tanto, saborear. Llenar el Pascual Guerrero el domingo, alentar a los pelados, reconocerles el esfuerzo tremendo, la faena con la que nos han deleitado. Gracias a ellos, América vuelve a ser tierra firme.
Tuesday, June 03, 2008
La Pampa
Un día, no recuerdo exactamente, durante la última feria, me encontré con un cacique del actual plantel americano, celebrando sus aguinaldos en La Pampa. La disco es un recomendado personal de Juam, que conoce los templos salsosos de La Sultana y no se pierde el festival de coleccionistas del Parque de la Música. Esa ha sido una fantasía recurrente mía, rumbear con mis ídolos futboleros, y, aunque ya me imagino a los cínicos apuntando que en este América no hay ídolos, yo no pienso igual. Para mi, en mi balance personal, estos pelados, y Umaña, ya la sacaron del parque. Conmueve ver a La Mechita metiendo miedo otra vez, acechando con arrebatarle a Millonarios los sobrados de su rancio honor. Me ha tocado perder últimamente, como al América, y aprendí que nadie te garantiza un resultado. Lo único que podés hacer, lo que verdaderamente te define, es jugar bien. Aguante La Mecha.
Monday, December 10, 2007
Milagroso Umaña
Quedan noventa minutos para definir el segundo finalista del Finalización (el otro es La Equidad), pero no hace falta esperar el desenlace de la historia en el Grupo A para calificar la campaña del América. Diego Édison Umaña ha obrado un verdadero milagro: además de ganar los puntos que tienen a su equipo peleando por la clasificación a un torneo internacional, el técnico consiguió que los Diablos Rojos tuvieran una consistencia envidiable, recuperando por el camino a los mejores valores del plantel.
Me alegra especialmente la explosión de Hárrison Otálvaro. El joven creador americano se había abandonado a la irregularidad, entrando y saliendo de las listas de convocados, casi nunca jugando de acuerdo a los estándares que dejó como juvenil en las selecciones nacionales. Durante el Finalización tampoco fue titular indiscutido pero, una vez en el cuadrangular, Hárrison fue fundamental para el América. Le vi implicado a fondo, aún más en las últimas dos fechas, cuando el venezolano Rojas no pudo contribuir a plenitud debido a molestias físicas. Está más rápido, tiene el punto de ambición que le faltaba, se entrega hasta el final, y por lo general sus excepcionales condiciones técnicas, su visión del juego privilegiada, marcan las diferencias en el ataque. Ojalá esta progresión no se detenga y Otálvaro pueda llegar tan lejos como apuntan sus buenas formas.
Pablito Armero, Paulo César Arango, Andrés González y Carlos Preciado también se fajaron en las finales. El lateral izquierdo, que también hizo parte del proceso con los juveniles de la selección Colombia, tiene una mejor lectura de los partidos, se dosifica en sus arreones por la banda, no se despista tanto en la marca, y cada vez hace mas daño con sus internadas hacia el centro. Arango volvió al nivel mostrado hace dos años con Ricardo Gareca, ahora con la experiencia necesaria para tener continuidad. El gol que metió el sábado fue una joya: sobre el tiempo, con la responsabilidad enorme de desempatar, con el futuro del equipo en juego, Arango hizo una finta, midió al rival, y metió un puntazo certero que sorprendió al arquero. El gol tuvo un cierto aire a otro que le hiciera Ronaldinho al Chelsea por la Copa de Europa. Andrés González y Carlos Preciado se han convertido en una dupla de garantías atrás, sobre todo cuando el equipo se vuelca al ataque tratando de remontar un marcador desfavorable. La seguridad que no brinda Diego Gómez la dan estos dos defensores.
A propósito del arquero, al que le han caído toda clase de críticas por sus deslices, el sábado tuvo una intervención providencial en tiempo de reposición. Un jugador de Once Caldas le cabeceó a un costado, al piso, y Gómez alcanzó a reaccionar para impedir el empate visitante. Mientras se levantaba del piso, Jorge Banguero lo animaba con palabras de capitán. El Pelícano es otro que ha estado inmenso, pero su fiabilidad ya no sorprende. Quizás un poco sí el excelente estado físico en el que se encuentra, aun cuando le lleva varios años de ventaja a la mayoría de sus compañeros.
El último partido del cuadrangular será ante el Cúcuta Deportivo en la capital fronteriza. El equipo motilón es un hueso duro de roer, por muy eliminado que se encuentre. El sábado en Medellín, Nacional, favorito de los árbitros, tuvo que sudar sangre para empatarle luego de ir perdiendo por dos a cero. Al América solo le vale ganar en el General Santander, pero donde lo tiene más difícil es en Manizales, donde necesita que Once Caldas evite una victoria de los paisas. Si dependiera solo del equipo blanco la vaina no sería tan peliaguda, pero con los árbitros inmiscuyéndose en los resultados, siempre a favor del equipo de Postobón y RCN, no me animaría con esperanzas infundadas.
Por fortuna, los hinchas americanos no dependemos de conjeturas forzosas ni ayudas arbitrales para medir a nuestro equipo. América ya dio la talla, Umaña ya hizo el milagro. Al final solo gana uno, pero no siempre es el mejor.
Me alegra especialmente la explosión de Hárrison Otálvaro. El joven creador americano se había abandonado a la irregularidad, entrando y saliendo de las listas de convocados, casi nunca jugando de acuerdo a los estándares que dejó como juvenil en las selecciones nacionales. Durante el Finalización tampoco fue titular indiscutido pero, una vez en el cuadrangular, Hárrison fue fundamental para el América. Le vi implicado a fondo, aún más en las últimas dos fechas, cuando el venezolano Rojas no pudo contribuir a plenitud debido a molestias físicas. Está más rápido, tiene el punto de ambición que le faltaba, se entrega hasta el final, y por lo general sus excepcionales condiciones técnicas, su visión del juego privilegiada, marcan las diferencias en el ataque. Ojalá esta progresión no se detenga y Otálvaro pueda llegar tan lejos como apuntan sus buenas formas.
Pablito Armero, Paulo César Arango, Andrés González y Carlos Preciado también se fajaron en las finales. El lateral izquierdo, que también hizo parte del proceso con los juveniles de la selección Colombia, tiene una mejor lectura de los partidos, se dosifica en sus arreones por la banda, no se despista tanto en la marca, y cada vez hace mas daño con sus internadas hacia el centro. Arango volvió al nivel mostrado hace dos años con Ricardo Gareca, ahora con la experiencia necesaria para tener continuidad. El gol que metió el sábado fue una joya: sobre el tiempo, con la responsabilidad enorme de desempatar, con el futuro del equipo en juego, Arango hizo una finta, midió al rival, y metió un puntazo certero que sorprendió al arquero. El gol tuvo un cierto aire a otro que le hiciera Ronaldinho al Chelsea por la Copa de Europa. Andrés González y Carlos Preciado se han convertido en una dupla de garantías atrás, sobre todo cuando el equipo se vuelca al ataque tratando de remontar un marcador desfavorable. La seguridad que no brinda Diego Gómez la dan estos dos defensores.
A propósito del arquero, al que le han caído toda clase de críticas por sus deslices, el sábado tuvo una intervención providencial en tiempo de reposición. Un jugador de Once Caldas le cabeceó a un costado, al piso, y Gómez alcanzó a reaccionar para impedir el empate visitante. Mientras se levantaba del piso, Jorge Banguero lo animaba con palabras de capitán. El Pelícano es otro que ha estado inmenso, pero su fiabilidad ya no sorprende. Quizás un poco sí el excelente estado físico en el que se encuentra, aun cuando le lleva varios años de ventaja a la mayoría de sus compañeros.
El último partido del cuadrangular será ante el Cúcuta Deportivo en la capital fronteriza. El equipo motilón es un hueso duro de roer, por muy eliminado que se encuentre. El sábado en Medellín, Nacional, favorito de los árbitros, tuvo que sudar sangre para empatarle luego de ir perdiendo por dos a cero. Al América solo le vale ganar en el General Santander, pero donde lo tiene más difícil es en Manizales, donde necesita que Once Caldas evite una victoria de los paisas. Si dependiera solo del equipo blanco la vaina no sería tan peliaguda, pero con los árbitros inmiscuyéndose en los resultados, siempre a favor del equipo de Postobón y RCN, no me animaría con esperanzas infundadas.
Por fortuna, los hinchas americanos no dependemos de conjeturas forzosas ni ayudas arbitrales para medir a nuestro equipo. América ya dio la talla, Umaña ya hizo el milagro. Al final solo gana uno, pero no siempre es el mejor.
Monday, December 03, 2007
(Pascual) Guerrero
Cada día que pasa, América pinta mejor. No juega bonito, porque propone un fútbol directo, aguerrido, a quemarropa, desprovisto de virtuosismos y sutilezas. Le van más los partidos hoscos, como entre dos bravos: toma y dame, gana el que quede en pie. Se ha vuelto el equipo batallador de antaño. El sábado, ante Nacional, los jugadores escarlatas repartieron pata que daba gusto. Me imagino que trataban de llevar el partido a un terreno en donde se sintieran más cómodos. Los paisas se regodean en la posesión, en la elaboración infinita, y cuentan con figuras que pueden ganar sus duelos particulares, como Aldo Leao, Galván Rey, Camilo Zúñiga o el chileno Martel. Como están las cosas, no se les podía vencer en sus propios términos. América solo sabe luchar. Sin trámites, sin especulaciones, sin burocracia, sin adornos. Acaso algún ardid para perder tiempo, como demorar el saque o tirar pelotas a la cancha.
Para triunfar, un guerrero necesita tener fe, y al equipo de Umaña le sobra. Cuenta con reservas anímicas como para sobreponerse a circunstancias adversas, incluida la derrota. Se ha medido ante lo mejorcito que da la tierra en una instancia definitiva y ha salido muy bien librado. Eso sí, en los tres encuentros que ha disputado tuvo que apretar hasta el final. Cuando ganó, lo hizo con lo justo. El desgaste físico y mental, producto del esfuerzo, se va acumulando, pero por ahora la actitud del grupo ha sido inmejorable. Incluso tras la pifia de Diego Gómez en Manizales, o ante el autogol de Carlos Preciado el sábado, nada de reproches inoportunos, muecas, o manoteos. A remontar.
La solidaridad del América es manifiesta hasta en la fase de ataque, donde habitualmente prevalecen los egoísmos y las individualidades. El equipo no depende de una figura para ganar. Todos cumplen con su parte. En los primeros dos partidos del cuadrangular, el venezolano Rojas y Paulo César Arango habían sido las claves ofensivas. Ante Nacional, apareció Otálvaro: golazo y asistencia. De hecho, el equipo tiene dos fortalezas en ataque, la pelota quieta y la larga distancia de John Valencia, que todavía no ha explotado en estas finales.
Qué lindo ver a la Mechita peleando por los títulos, batiendo a sus rivales cuerpo a cuerpo, llevando hasta el límite sus estrechas posibilidades. Uno quisiera pensar que el próximo miércoles, ante Nacional en Medellin, se define todo, pero no hay tal. Visto lo visto, sólo habrá seguridades al final. Recordemos que aunque la vaina pinta, y pinta bien, apenas hemos recorrido la mitad del camino.
Para triunfar, un guerrero necesita tener fe, y al equipo de Umaña le sobra. Cuenta con reservas anímicas como para sobreponerse a circunstancias adversas, incluida la derrota. Se ha medido ante lo mejorcito que da la tierra en una instancia definitiva y ha salido muy bien librado. Eso sí, en los tres encuentros que ha disputado tuvo que apretar hasta el final. Cuando ganó, lo hizo con lo justo. El desgaste físico y mental, producto del esfuerzo, se va acumulando, pero por ahora la actitud del grupo ha sido inmejorable. Incluso tras la pifia de Diego Gómez en Manizales, o ante el autogol de Carlos Preciado el sábado, nada de reproches inoportunos, muecas, o manoteos. A remontar.
La solidaridad del América es manifiesta hasta en la fase de ataque, donde habitualmente prevalecen los egoísmos y las individualidades. El equipo no depende de una figura para ganar. Todos cumplen con su parte. En los primeros dos partidos del cuadrangular, el venezolano Rojas y Paulo César Arango habían sido las claves ofensivas. Ante Nacional, apareció Otálvaro: golazo y asistencia. De hecho, el equipo tiene dos fortalezas en ataque, la pelota quieta y la larga distancia de John Valencia, que todavía no ha explotado en estas finales.
Qué lindo ver a la Mechita peleando por los títulos, batiendo a sus rivales cuerpo a cuerpo, llevando hasta el límite sus estrechas posibilidades. Uno quisiera pensar que el próximo miércoles, ante Nacional en Medellin, se define todo, pero no hay tal. Visto lo visto, sólo habrá seguridades al final. Recordemos que aunque la vaina pinta, y pinta bien, apenas hemos recorrido la mitad del camino.
Wednesday, November 28, 2007
El último, dice el borracho
América es el borracho. Está escapándose de si mismo, la tragedia implícita en el ejercicio se manifiesta permanentemente. Por cuenta del campañón del último semestre, el equipo ha regresado al primer plano del fútbol profesional, y ahora cuenta hasta con patrocinador, la Industria de Licores del Valle —para el hechizo de la Secta Clinton, aguardiente Blanco. Arrancó los cuadrangulares semifinales con una victoria ante el Cúcuta, ha tenido recaudaciones inéditas en años. Los periodistas deportivos lo incluyen entre sus favoritos para clasificarse a la gran final, los medios televisan cada vez más partidos de la Mechita. En un momento así, en la víspera del segundo partido del cuadrangular, ante Once Caldas en Manizales, el plantel retrasó su salida de Cali como mecanismo de presión para saldar deudas pendientes. En ‘El pulso del fútbol’ —de lejos el mejor programa de fútbol de la radio— Iván Mejía y Hernán Peláez dieron a entender que las directivas se habían puesto al día con unos jugadores, no todos, ante lo cual el equipo decidió plantarse. Umaña está alinderado con ellos. “Por eso no firmo otro contrato”, declaró el técnico.
Tengo asumido que la situación institucional rebosa tanto a Umaña como a los directivos. Hace rato que el club se mueve en la sombra. Está en las manos de los Rodríguez desde los setenta, y se presume que sigue siendo de su propiedad aun ahora, cuando los capos del clan se pudren en cárceles gringas. Lleva una década en la lista negra del Departamento de Estado, lo que implica una muerte financiera y civil, incluso en confines del imperio como este. Tiene deudas enormes y carece de bienes a su nombre. Cascajal, el lugar donde entrenan sus diferentes categorías, pertenece a una sociedad sobre la que existen procesos de expropiación.
De esta forma se acaba una era que fue dorada para América. Todos los títulos que ha obtenido fueron durante el reino del capo. Antes de este período de agonía, hubo dicha en abundancia, estrellas en el horizonte, gloria, figuras, noches inolvidables. El embale. Gozamos sin consideración, al fin y al cabo somos hijos de Cali. Pasada la bacanal, el efecto sedante de una felicidad artificial, en la penumbra se entrevé la basura acumulada, el desperdicio. Se percibe un cierto malestar, aparece la culpa. Un momento de inevitable reflexión en los que se deciden cosas. Darle la vuelta, gambetear al destino, o seguir huyendo hacia adelante, apurando las copas de una juerga infinita.
El milagro de Umaña es un poco eso, una manera de prolongar la borrachera que no se acaba. Porque mientras la noche dure, mientras las estrellas sigan cayendo, se puede ignorar lo demás, se le puede hacer el quite a lo esencial. Hasta el próximo guayabo, hasta la mañana siguiente. Por constitución, porque la tierra jala, América sabe moverse en ese medio como pez en el agua. Tanto así, que estoy empezando a creer que le cabe un título más a la dinastía trucha de Miguel. El último antes de que salga el sol.
Tengo asumido que la situación institucional rebosa tanto a Umaña como a los directivos. Hace rato que el club se mueve en la sombra. Está en las manos de los Rodríguez desde los setenta, y se presume que sigue siendo de su propiedad aun ahora, cuando los capos del clan se pudren en cárceles gringas. Lleva una década en la lista negra del Departamento de Estado, lo que implica una muerte financiera y civil, incluso en confines del imperio como este. Tiene deudas enormes y carece de bienes a su nombre. Cascajal, el lugar donde entrenan sus diferentes categorías, pertenece a una sociedad sobre la que existen procesos de expropiación.
De esta forma se acaba una era que fue dorada para América. Todos los títulos que ha obtenido fueron durante el reino del capo. Antes de este período de agonía, hubo dicha en abundancia, estrellas en el horizonte, gloria, figuras, noches inolvidables. El embale. Gozamos sin consideración, al fin y al cabo somos hijos de Cali. Pasada la bacanal, el efecto sedante de una felicidad artificial, en la penumbra se entrevé la basura acumulada, el desperdicio. Se percibe un cierto malestar, aparece la culpa. Un momento de inevitable reflexión en los que se deciden cosas. Darle la vuelta, gambetear al destino, o seguir huyendo hacia adelante, apurando las copas de una juerga infinita.
El milagro de Umaña es un poco eso, una manera de prolongar la borrachera que no se acaba. Porque mientras la noche dure, mientras las estrellas sigan cayendo, se puede ignorar lo demás, se le puede hacer el quite a lo esencial. Hasta el próximo guayabo, hasta la mañana siguiente. Por constitución, porque la tierra jala, América sabe moverse en ese medio como pez en el agua. Tanto así, que estoy empezando a creer que le cabe un título más a la dinastía trucha de Miguel. El último antes de que salga el sol.
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